Quebradero

Share

Recuperar territorio

 

Por Javier Solórzano Zinser

Es incuestionable el peso e influencia de Donald Trump en el mundo y, evidentemente, en nuestro país. La agenda nacional tiene como uno de sus ejes al presidente, cada declaración que hace termina por repercutir en la gobernabilidad y en la narrativa de la Presidenta.

La llegada de Trump cambió la agenda presidencial mexicana. Hubiera no es un buen verbo, pero no deja de estar en el radar lo que hubiera pasado al interior del país si no nos hubiera presionado como lo hace.

Se han forzado muchas estrategias para, por un lado, tratar de demostrar nuestra mejor cara ante el vecino y también, no pasa por alto, la imperiosa necesidad de enfrentar las cosas de manera distinta. Quizá esto no haya sido necesariamente del gusto de la Presidenta, particularmente porque ha tratado de tener materialmente como intocable todo lo que hizo y no hizo López Obrador.

No somos de la idea de que el expresidente esté en la mira de Washington. No hay indicios, pero quienes sí están en el radar son personajes de la política que fueron sus cercanos. López Obrador tiene como constante desconocer a los de su entorno inmediato si están involucrados en irregularidades, aunque las conozca.

Hay muchos ejemplos que igual pasan por el caso Ahumada hasta los desiguales costos de sus obras emblemáticas, pasando por el decomiso en su sexenio de 20 millones de barriles de petróleo encontrados en Altamira, de los cuales poco se ha sabido en los últimos días, entre otros.

La Presidenta sabe que la Casa Blanca debe tener en la mira a diversos funcionarios del Gobierno, lo cual se ha convertido en una dificultad tangible en la relación con EU, no pareciera que se hayan tomado medidas en este sentido. No pareciera tampoco que se haya planteado la pregunta del porqué le han revocado la visa a diferentes políticos del país.

Por más que se haya convertido en un lugar común, es importante repetir que no hay manera de que la delincuencia organizada se desarrolle en nuestro país si no es por la complicidad con políticos y empresarios.

La insistencia de Trump en referirse a que son los cárteles los que gobiernan el país tiene que ver con ello. Mientras no se tomen medidas en esta línea, difícilmente se atemperarán los ánimos por más convocatoria al diálogo y a la soberanía que haga la Presidenta.

Cuando se plantean conceptos como autodeterminación y soberanía no puede pasarse por alto que partes de nuestro territorio son controladas por la delincuencia organizada. Lo que se tiene que hacer es recuperar territorios, porque en ello también está de por medio la soberanía y la autodeterminación.

Trump, como uno de los ejes de nuestra agenda, ha reconocido avances. El más importante es que le hemos hecho a EU la tarea en materia de migración en nuestras fronteras. También se ha logrado reducir de manera importante el tráfico de la droga, lo cual ha sido ponderado desde una perspectiva unilateral por el presidente estadounidense, partiendo de que México está haciendo lo que está pudiendo.

Es claro que no hay manera de satisfacer a Trump. Lo importante es que con firmeza se siga enfrentando la relación, pero también entender ante lo que estamos y más por lo que se va a venir este año en EU, donde tendrán elecciones intermedias. Trump va a buscar la manera de satisfacer a sus fervorosos electores y nuestro país no deja de estar en el centro.

Lo que empieza a ser un hecho es que se le empiezan a abrir frentes importantes al interior. Las movilizaciones en buena parte de EU tienen que ver con las acciones del ICE, pero también subyace un cuestionamiento a su gobernabilidad.

Para responderle a Trump hay que ir recuperando el territorio que está en manos de la delincuencia organizada.

RESQUICIOS. 

El Gobierno tiene otro problema, diríamos, problemón, con el caso cubano. Trump va a empezar a cerrarle aún más las llaves al Gobierno de la isla y de seguro vendrán cuestionamientos por la entrega del petróleo mexicano y los médicos cubanos.