Por Ruby Soriano
“Sin medios libres y críticos, no se puede servir a la gente”, así lo dijo José Luis García Parra, coordinador del gabinete durante la reunión que hace unos días sostuvo el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta con directivos de medios de comunicación, periodistas y columnistas.
Las palabras del también sobrino político del ex gobernador Mario Marín, sonaron como una sorna frente a la embestida que el actual gobierno estatal morenista emprendió contra el periodista Rodolfo Ruíz, director de e-consulta.
Como en los viejos tiempos más rancios de ese priismo donde se alentaron muchísimas complicidades y de donde provienen varios de los personajes que han sido colocados en la actual administración, el morenismo de traspatio intenta instaurar una narrativa de comunicación periodística, que ha registrado una severa involución debido a la presión que se ejerce de parte de quienes amagan con vetar convenios o embutes a cambio de sumisión, nado sincronizado y columnas a modo.
El periodismo poblano igual que el de la mayor parte del país, pasa por su peor momento.
La frase de García Parra tendría que ser inversa: “Se puede servir a la gente con medios libres y críticos”.
La intolerancia que se ha mostrado por la actual administración gubernamental raya en lo grotesco. A estos personajes se les olvida que están sujetos al escrutinio, a la crítica y a explicar como servidores públicos, de dónde provienen sus ostentosos patrimonios.
El hostigamiento al periodismo que publica periódicamente investigaciones y exhibe gazapos gubernamentales como licitaciones amañadas, derroche de recursos, presunta corrupción de funcionarios y lo que se acumule, es un grave sensor que señala al gobierno de Puebla como muchos otros del país, por estar caminando en una enorme ola de opacidad.
Reservar contratos para evitar escándalos es otra práctica que expone el ardid al que recurren varios mandatarios para ocultar información que seguramente los pondría en aprietos.
Dice García Parra que al gobernador le importa que la gente sepa qué está pasando en Puebla y cómo van a resolver los problemas; eso suena bien, sólo que un detalle, la libertad de informar no está en función de lo que el mandatario estatal quiera que se diga, se escriba o se difunda.
La libertad de prensa está en función de la ética que se ejerza desde un medio de comunicación o desde la pluma independiente de un profesional del periodismo.
A ti como Coordinador del Gabinete Gubernamental es bueno hacerte la puntualización, que el periodismo no acata discursos de doble moral. Hay que cumplir lo que se dice; respetar el ejercicio de la libre expresión y crítica sin menos cabos y con la sapiencia de entender que ustedes al manejar recursos públicos, están sujetos al escrutinio y a la rendición de cuentas.
Lo ocurrido al director de e-consulta es más que un atropello. Es una embestida que exhibe la forma en que, desde una óptica antigua y muy parecida al marinismo, se aplica al periodismo crítico.
Dentro de unos días, se cumplirá un año de que alguien dio instrucciones para que colocaran una falsa pistola en el parabrisas mi auto. Una amenaza velada pero que dejó muchos rastros.
Hoy en día, la judicialización, amenazas, acoso, detenciones y ejecuciones de compañeros periodistas, marcan el sello de una cuarta transformación que desde los gobiernos censura y oprime con algo francamente deleznable: La simulación.
“Alianza de respeto”
Durante su participación en la reunión con medios, el gobernador Alejandro Armenta refirió una “alianza de respeto con los medios de comunicación población”, sin embargo, las palabras son eso.
Hasta ahora el mandatario estatal nos ha dejado ver su falta de tolerancia a la crítica. Su cerrazón para aceptar preguntas incómodas, sus erráticas aseveraciones a la hora de atribuir publicaciones a un periodista que no fue quien las hizo.
Para que realmente haya respeto no debe haber alianzas gobernador, debe haber sólo respeto a secas y un actuar profesional de su parte y de parte de los medios de comunicación.
Cuando se silencia al periodismo, se hace desde la impotencia, la mediocridad y la falsa promesa de una retórica que sólo es un salivazo gubernamental.
El título de esta columna lleva el nombre del libro que Enrique Serna publicó en 1959, sobre la vida de Carlos Denegri, un periodista de la vieja guardia mexicana, con una amplia red de contactos y con una deleznable habilidad para la complacencia con políticos y gobernantes.
Quizá varios gobiernos morenistas buscan el perfil del viejo periodismo como el que vimos en ese desayuno donde varios y varias le rindieron “homenaje” a Denegri, que hoy parece revivir con el Club Manila, donde se anida el periodismo que vive del embute y la caza de convenios.
@rubysoriano @alquimiapoder