Crecen los riesgos
Por Javier Solórzano Zinser
Con la violencia que se ha suscitado en EU y la que traemos desde hace tiempo en México, se dice con sarcasmo que no vaya a ser que el Mundial termine desarrollándose sólo en Canadá.
EU está pasando por un momento particularmente complejo por el asesinato de una ciudadana estadounidense por parte del ICE, (Servicio de Control y Aduanas). Siempre se han presentado muchos hechos violentos contra de los migrantes, pero, paradójicamente, la muerte de una ciudadana estadounidense vino a levantar el gran revuelo, los estadounidenses se sienten como en pocas ocasiones totalmente expuestos.
No queda claro qué pudiera pasar. Las movilizaciones en el país han crecido y en Minnesota, lugar del ataque, se han presentado significativas manifestaciones que no pareciera que pudieran frenarse en automático o con discursos. El estado es gobernado por los demócratas, quienes no sólo con su voto han tomado una distancia clara de Donald Trump, sino que también han ido colocando el estado como una de sus fortalezas, lo cual es significativo para las elecciones de este año.
Las movilizaciones están alcanzando ciudades que serán sede del Mundial, hecho que empieza a tensar el ambiente. Es claro que se puede venir un cóctel profundamente delicado y riesgoso.
Los aficionados de las selecciones calificadas tienden a vivir el Mundial en las calles, es una extensión de la tribuna.
Se quieren hacer presentes y para ello se apoderan de todos lugares posibles para hacer valer su presencia y su afición por su selección. En el Mundial de 1994 de EU, los aficionados nunca se sintieron a sus anchas. Todo les parecía limitado, porque el futbol no era lo que hoy es en muchas ciudades estadounidenses.
Al ser EU un país de migrantes el futbol, como deporte mundial, está profundamente enraizado entre mucha gente no sólo quienes son migrantes, sino también entre los propios estadounidenses. Las calles, los restaurantes, los bares, los viajes a los estadios y el entorno de un partido van a ser muy diferentes al 94.
El crecimiento que ha tenido el futbol en la Unión Americana ha provocado que muchos niños y jóvenes se hayan metido de lleno a lo que todavía algunos siguen llamando “soccer”. Todavía está lejos el juego del futbol americano o del béisbol, pero sin la menor duda ya está en el radar cotidiano de millones de estadounidenses. Para ellos será también una fiesta, no de la dimensión que puede alcanzar en México, pero será una fiesta que profundizará en muchos casos la afición por el juego.
Se pueden presentar muchos problemas sociales porque a la algarabía y pasión que provoca el juego se suma una situación interna tensa que tiene como centro de discrepancias la gobernabilidad de Donald Trump. La persecución de migrantes, por cierto, grandes aficionados, en la mayoría de los casos al futbol ha tenido una gran repercusión interna y es la causa del asesinato de la ciudadana estadounidense en Minnesota.
El juego se convierte, particularmente entre los migrantes mexicanos, en el espacio para recordar, vivir y meterse en su país, sin importarles el riesgo que corren al asistir a los estadios.
En partidos recientes de la Selección Nacional en EU, los estadios tuvieron buenas entradas, las cuales fueron hechas fundamentalmente por mexicanos. Todo aquello de las persecuciones, de la migra y del ICE pareciera que lo pasaron de largo. Fueron al estadio e hicieron, como siempre lo hacen, su fiesta.
Existe un factor más. Con la belicosidad de Trump, diversas Selecciones, junto con sus aficionados, han reconocido el riesgo que corren por estar en el radar del presidente. Recordemos lo que dijo hace pocas semanas: el boleto no es la visa.
Falta camino por recorrer, pero hoy los escenarios tienden a provocar dudas, tensiones y temores Lo que pasó en Minnesota puede llegar a toda la Unión Americana y no se va a poder parar en automático, y, como fuere, el Mundial empieza a estar a la vuelta de la esquina.