Tarde o temprano iba a pasar
Por Javier Solórzano Zinser
El todavía presidente del Senado llevó muy lejos las cosas en su gestión. Si bien hubo muchos incidentes, en la mayoría de los casos los ánimos se atemperaban o se aplicaba la maquinaria.
Lo que pasó el miércoles fue un espectáculo lamentable, pero en algún sentido se veía venir. Fernández Noroña terminó por dirigir el Senado bajo una perspectiva del mayoriteo y no como presidente del Senado, lo que incluye a la diluida oposición.
En más de alguna ocasión fue altanero, sarcástico, grosero minimizando todo aquello que pasa por la crítica al gobierno y su partido. Desde donde se vea, es lamentable lo sucedido. Pero como fuere, refleja los estados de ánimo y el ambiente bajo el cual hemos estado en los últimos años.
Fernández Noroña fue una herencia que acomodó como pudo la Presidenta. Al quedar en tercer lugar, en el sui géneris proceso que se inventó López Obrador de corcholatas, exigió su derecho de piso. Resulta que el entonces simpatizante del PT buscó un lugar, se asegura, en el gabinete y al no ser posible llegó a algo así como a un acuerdo con la Presidenta para terminar en el muy importante encargo de presidente del Senado.
Es cierto que las y los senadores de la mayoría votaron por él, pero sin el visto bueno de la Presidenta no hubiera pasado; Fernández Noroña, al igual que las otras corcholatas, terminaron por ser una pesada herencia para Claudia Sheinbaum.
La bronca del miércoles tuvo como uno de sus participantes al líder de un partido en decadencia y cerca de su extinción. El PRI ha perdido toda fuerza posible y el recato político. Sus problemas internos han dejado vacío al partido, algunos de sus hombres y mujeres más preparados se han hecho a un lado o los han hecho a un lado.
No es que fueran la mejor carta de presentación, lo que sucede es que tenían pudor político y tenían la capacidad de llevar a cabo debates en todos los terrenos, lo que incluye obviamente al Congreso.
Alejandro Moreno, ciertamente, actuó como un porro. Se dice que cuando empieza una bronca los porros se echan para adelante, en tanto que los provocadores reculan y en muchos casos optan por hacerse a un lado; algo así pasó en Donceles.
Uno de los muchos problemas de lo sucedido es que queda en evidencia la clase política. No solamente están a la vista los personajes que se liaron a empujones y uno que otro golpe en la máxima tribuna de la sede alterna del Senado.
Lo que está a la vista ciudadana es el deterioro de la clase política, y cómo no tienen manera de entenderse. Cada uno de los participantes del zafarrancho tiene su propia versión, pero a la vista de todos está la intransigencia y la evidencia de dos personajes que a lo largo de los últimos años han jugado un papel, definitivamente, cuestionable respecto a las funciones para las cuales fueron elegidos, ya sea de manera directa o a través de los plurinominales.
El ejemplo que dejan es brutal. Una sociedad que en sus calles bajo cualquier provocación llega a la bronca, incluso por un pequeño percance de tránsito, ve ahora cómo sus políticos se pelean sin saber con claridad cuál es la razón de ello.
Uno de ellos ha aprovechado su cargo en el Senado para llenar de adjetivos a los que no piensan como él haciendo a un lado su función de presidente. El otro viene a confirmar la imagen de su partido, otrora hegemónico, que hoy está cercano a desaparecer.
La Presidenta en lugar de invitar a la cohesión y la cordura optó por señalar a unos y exonerar a quien a lo largo de un año ha dirigido el Senado con estridencia, la agresión y la impugnación, sin pasar por alto los muchos insultos y ataques que ha recibido de la oposición, muchos de ellos producto de su gestión y sus formas.
RESQUICIOS.
Con Laura Itzel Castillo los debates en el Senado adquirirán otra dimensión. Es una mujer de izquierda de toda la vida que considera al diálogo como un elemento fundamental de la política y la gobernabilidad; el ambiente y las cosas serán otras.