Por Carlos Tercero
A finales de junio de este año, París será la sede de la Conferencia sobre Materialismo Histórico con un epígrafe que llama la atención: Combatir la catástrofe. El evento será uno más de los organizados internacionalmente (Londres, Ankara, Atenas, Barcelona, Berlín, Beirut, Cluj, Estambul, Melbourne, Montreal, Nueva Delhi, Nueva York, Roma, Sídney y Toronto; así como una videoconferencia en el Sureste Asiático) por la Revista «Historical Materialism»(Revista marxista que se publica cuatro veces al año y tiene su sede en Londres. Fundada en 1997; sostiene que, a pesar de la variedad de sus articulaciones prácticas y teóricas, el marxismo constituye el marco conceptual más fértil para analizar los fenómenos sociales, con miras a su transformación.), resaltando un renovado interés por el marxismo y un resurgimiento de enfoques que se asumen como legado de Marx y Engels.
Más allá del objetivo de la conferencia de reunir e intercambiar ideas entre investigadores y activistas que enmarcan sus investigaciones y teorías, así como sus prácticas y estrategias de lucha, dentro del marxismo o en estrecho diálogo con él, merece atención el atisbo de radicalismo de su fin, pues lo designan como el de “contribuir al enriquecimiento y la reconstrucción de un pensamiento arraigado en las luchas contemporáneas para romper con el capitalismo racial, patriarcal y ecocida”.
Si bien el Materialismo Histórico se basa en la idea de que la historia humana está impulsada por las relaciones de producción y las fuerzas productivas, es decir, cómo la sociedad organiza la producción y cómo se desarrollan las tecnologías y la economía; para Marx y Engels la historia es una historia de lucha de clases, donde las clases sociales con diferentes intereses y acceso a los medios de producción entran en conflicto.
Décadas de historia han mostrado que la lucha de clases no ha logrado constituirse en una integración social que garantice el bienestar generalizado, pues más que un motor de la historia para evolucionar las sociedades, se ha tornado en un resentimiento social que mal canalizado se convierte, por el contrario, en un retardante del desarrollo y en un catalizador del conflicto anárquico. Los casos en que la fuerza de trabajo, “el proletariado” se ha apoderado de los medios de producción, ha generado resultados desastrosos, al punto de parecer ratificar la vigencia del capitalismo. Sin embargo, como concepto, sigue siendo popular entre las “ideologías” de izquierda, y fundamento de movimientos políticos y sociales, que argumentan ser antagónicos al capitalismo, aunque una y otra vez sus líderes terminan adquiriendo el nivel de vida de la “burguesía” más representativa.
Luego entonces, ¿cuál es el sentido de Combatir la catástrofe?, ¿a qué se refiere?; si bien se ha potenciado el desarrollo democrático a nivel global, dejando claro las complejidades del neoliberalismo y sus formas autoritarias de dominación política; igualmente ciertas expresiones de izquierda populista empobrecen países y regiones enteras, al tiempo que siguen surgiendo inconvenientes expresiones extremistas de derecha y así, de un lado y otro, se agravan problemas sustanciales como la injusticia social; la falta e igualdad de oportunidades; el deterioro al medio ambiente y sus efectos. Será que en todo ello, se complementa la solución con el marxismo o que este, se ha convertido tan solo en una tradición que analiza generalizadamente la realidad humana y sus esferas sociales; o bien, este reduccionismo será solo una postura de los detractores del marxismo, en un intento por disfrazar la realidad social; todo ello inmerso en la inagotable confrontación política.
Tal vez la verdadera catástrofe a combatir, sea la anulación del pensamiento crítico, la desmotivación del entendimiento entre la teoría y la práctica de las ciencias políticas y sociales; el bloqueo a la libertad de expresión e impulso intelectual que de manera natural cuestiona el orden de las cosas. Los mejores resultados se dan en torno a equilibrios, es ahí donde podemos combatir la catástrofe, al encontrar el equilibrio entre Marxismo y Capitalismo; entre lucha de clases y cultura del esfuerzo; entre estirar el gasto y estirar la mano; entre izquierdas y derechas; entre el orden social y los movimientos populares; entre el individualismo y la sociedad civil organizada; pues basta con recordar que el propio Marx exigió la «crítica despiadada de todo lo existente» y ello, no excluye al propio marxismo.
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