Por Martín Quitano Martínez
La simulación es la forma en que los gobiernos autoritarios o ineficientes mantienen la apariencia de democracia.
Anónimo
El patético comportamiento de la actual clase gobernante es esquizofrénico. La apuesta por la negación y la simulación de los últimos 7 años es enfermiza, y pudiera ser cómica si no fueran constatables los negativos impactos en la vida y el desarrollo de nuestro país.
Lo acontecido con los derrames de hidrocarburos en el Golfo de México, lo que ahora ya sabemos que desde el mes de febrero se conocía sin acciones para su remediación como muestra de la falta de integridad institucional para asumir públicamente lo que pasaba, pone en la palestra la estrategia de la negación, y el nivel de cinismo para ocultar lo que días después se corroboró.
Los daños ambientales que según los expertos son del mayor nivel siguen siendo negados. Detrás de ello, las ausencias de los responsables de informar oportunamente lo que ocurría, pues el hecho ha ido siendo presentado en los últimos días de marzo en medio de un debate nacional e internacional por la opacidad en el manejo informativo.
La preocupación sobre el suceso se incrementaba a medida que salían versiones en la prensa y evidencias de entrevistas con directamente afectados por las fugas de los hidrocarburos desde finales de febrero y principio de marzo. Paralelamente también quedaba claro el nivel de la incompetencia técnica e institucional y los discursos mentirosos oficiales que insistían en minimizar y negar con desparpajo el arribo a las playas del chapopote, y las muertes y daños en flora y fauna marinas documentadas.
Desde Veracruz, los mensajes que trivializaron la tragedia han sido insultantes, referidos como gotitas de chapopote, o que el problema era un barco de una empresa contratada por Peña Nieto, afirmando que sin embargo todo estaba bajo control. El desprecio por la verdad, por el compromiso responsable ha quedado de manifiesto de manera ofensiva; una vez más, la realidad les desmorona su construcción narrativa, “las chapopoteras tienen emisiones permanentes, el tema ahorita es que se han incrementado” decía el almirante Raymundo Pedro Morales, y así.
Las gotitas controlables a las que aludió el gobierno veracruzano ante los reclamos de organizaciones ambientalistas, ya dejaron de serlo. El menosprecio de las alarmas lanzadas por pescadores y prestadores de servicios turísticos tuvo su contraparte ante la necesidad de enfrentar el problema con operativos que desmontaban la banalización de tal respuesta. La dimensión era mayor y de altos impactos ambientales negativos.
Según los informes del grupo interinstitucional se desplegó una fuerza de contención de más de 3 mil elementos, operando 46 buques y embarcaciones, 45 vehículos terrestres, siete aeronaves, además de drones aéreos y submarinos. El desparpajo de las versiones oficiales pasaron a ser desvergonzadas respuestas ante los hechos reconocidos ante la dura realidad.
El mismo grupo interinstitucional informó el 30 de marzo, que más de 700 toneladas de material contaminante han sido retiradas en zonas costeras y 40 toneladas adicionales mar adentro. Se atendieron 39 playas que representan más de 480 kilómetros principalmente en Veracruz y Tamaulipas, así como manglares y esteros que sin duda son ecosistemas muy sensibles.
Parece que existen problemas muy serios respecto de la operación que realiza nuestro país con el manejo de los hidrocarburos. Pese al discurso soberanista y la importancia histórica de la paraestatal, la crisis se acentúa con la llegada de la 4T. Por ejemplo, en el año 2025, el gasto de Pemex en mantenimiento se redujo un 62%, generando factores de riesgo evidentes y en consecuencia un mayor número de accidentes en sus instalaciones. El abandono ha sido evidente, incrementando su incapacidad e ineficiencia institucional.
Un gobierno sin compromiso para asumir responsabilidades y presentar con solvencia las condiciones de lo que ha sucedido, nos muestra la angustia por controlar costos políticos, eligiendo el camino de la opacidad y el ocultamiento como acción que gane tiempo para insistir en su narrativa, la simulación de que todo va bien, para evadir la realidad de las fallas estructurales de Pemex y su crisis presupuestaria.
Los hechos confrontan en toda su dureza las mentiras, pero el daño está allí, el daño ecológico, económico y aunque no lo quieran, también político.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Parece un chiste, pero no lo es. En Veracruz le robaron 211 vehículos y más de 50 pantallas con un valor de más de 23 millones al INSTITUTO PARA DEVOLVER AL PUEBLO LO ROBADO (INDEP), ¿será eso de que ladrón que roba al ladrón…?
X: @mquim1962