Quebradero

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La reinauguración

 

Por Javier Solórzano Zinser

Todavía faltan detalles importantes para que quede a punto el Estadio Azteca, hoy Banorte o Ciudad de México, nombres que van y vienen según quieran los dueños del balón y el capital.

Muchas cosas están pendientes por lo que se vio el sábado. El acceso fue muy complicado, no había la suficiente información para acceder al estadio, a la salida estaba apagado el sistema de luz, a lo que se suma que hay detalles importantes al interior del estadio que presumimos acabarán por resolverse en los próximos días.

La seguridad es otro aspecto que tendrá que fortalecerse. La llegada al estadio fue complicada entre la gran cantidad de gente que asistía, y porque grupos de manifestantes, algunos particularmente violentos, se hicieron presentes.

Quienes se manifestaron por causas muy justificadas tuvieron de alguna manera la cercanía de la gente, pero en medio del tumulto y de las prisas por el desigual proceso organizativo para entrar al estadio, no merecieron la atención que deberíamos darles.

Lo que es un hecho es que el Mundial va caminando. El público está en la algarabía después de muchos meses en que estuvo cerrado el estadio. El Azteca sigue siendo el estadio más significativo del futbol nuestro. A partir de ahora las cosas van a cambiar.

Se está haciendo del estadio un inmueble multiusos en donde el futbol, sin dejar de ser el eje, va a ser un elemento más en la mercadotecnia del inmueble.

El partido mostró que la selección mexicana va a padecer en el Mundial. Portugal es una real potencia. Posee la pelota de tal manera que lo importante es que tenga distraído a su rival todo el partido. Eso hizo después del minuto 20 del primer tiempo, México tuvo el control del juego hasta que los portugueses lo supieron leer.

Nadie corrió más riesgos de lo debido, no había motivos para ello. Era un juego amistoso en donde lo importante es buscar la manera en que los equipos puedan acoplarse, entenderse y saber qué hacer. Son partidos en donde lo importante no necesariamente es el resultado, lo relevante es afinar sistemas, movimientos y, sobre todo, buscar la manera de definir el tipo de juego acorde a los jugadores y observar de qué están hechos para poder colocarlos en la lista de los elegidos.

No aparecen por ahora elementos claros para que pudiera ser el Mundial en el que México dé el paso, a pesar de ser sede de nuevo. La selección tiene pocos jugadores que definan partidos. Se trata de goles, pero también se trata de tener la capacidad para provocarlos, en esto hay vacíos propios de la historia del futbol mexicano. Como fuere, no es cualquier cosa plantarse ante Portugal y competirle. Esto es, quizá, lo que de nuevo genere la infaltable esperanza.

La afición es brutalmente voluble. Tiene una relación aguda de amor y odio por el Tri. La fidelidad es algo que no necesariamente respiran los aficionados. Quieren creer que su equipo es más de lo que es, depositan en la selección esperanzas por un equipo al que quieren ver distinto de lo que es; como fuere, la tribuna da y quita.

Javier Aguirre definió lo futbolístico hace unas semanas: muchos jugadores quieren y luchan, pero en muchos casos no pueden.

Los gritos homofóbicos fueron para el Tala Rangel porque a estas alturas la palabra ya es multiusos. Al final del juego empezaron los “oles” para increpar y quizá burlarse de su propio equipo cuando Portugal se apoderó del balón con el extraordinario jugador que es Vitinha, quien siempre sabe qué hacer.

Fue un buen ensayo general. En lo organizativo falta. La remodelación del estadio no ha terminado. En lo futbolístico seguiremos con la eterna esperanza de que en una de ésas damos el salto, el cual también podría dar la afición.

RESQUICIOS.

Habrá que ver si en las elecciones de este año en EU las multitudinarias manifestaciones contra Trump, como la del sábado, se refleja en las urnas. Es un hecho que el panorama para el presidente, diga lo que diga, está cambiando.