Quebradero

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Va porque va

 

Por Javier Solórzano Zinser

Si nos atenemos a lo que dijo el coordinador parlamentario de Morena en Diputados, Ricardo Monreal, vamos al segundo tiempo de la reforma electoral; va porque va.

Aseguró que el nuevo proyecto contiene reformas constitucionales, lo cual remitiría al mismo escenario. Sería sorpresivo, aunque se sabe que en estos lances todo puede pasar, que sus aliados, o exaliados, PT y Verde, cambien de parecer.

Lo que va quedando claro es que la Presidenta quiere la reforma. No quiere discutirla ni consensos, está en el rumbo del conocido voy derecho y no me quito; no, casualmente asegura que “fuera máscaras” lo que nos recuerda a ysq.

Lo que originalmente se había planteado como iniciativas ante el rechazo de la reforma, a decir de Monreal, insistimos, se va a convertir en otra propuesta de reforma constitucional.

Quién sabe qué puede pasar estos días y quién sabe hasta dónde puedan llegar las presiones en contra del PT y del Verde. En la primera etapa aguantaron, pero en un segundo momento, con tantos señalamientos presidenciales, mucho de lo que hemos visto podría terminar por ser diferente.

Va quedando claro que para la 4T y para la Presidenta y el expresidente, la reforma electoral es una pieza clave en la construcción de lo que llaman “el segundo piso de la transformación”. La mandataria está tratando de imponer más que debatir la reforma, la cual, a menudo, reitera que es una promesa de campaña, lo cual si bien es cierto, no significa que detrás de ella haya organizado una consulta ciudadana.

Le decíamos ayer que lo que se ha presentado en las mañaneras sobre el tema parece dirigido y en muchos, las preguntas y las obvias respuestas de la encuesta acaban siendo totalmente predecibles.

No queda claro por ahora, cuáles son los escenarios que se nos vienen. No se sabe qué tanto se rompió la alianza que le permitió a la Presidenta y a su antecesor alcanzar acuerdos que se tradujeron en leyes, reglamentos y, sobre todo, en cambios constitucionales.

Lo que sí estamos viendo es que la furibunda militancia morenista está a todo lo que da señalando y desacreditando a quienes votaron en contra de la reforma. La Presidenta se ha encargado del resto, de alguna manera fue quien a lo largo de estos días dio la voz de alerta, o ataque según se quiera ver.

Lo más grave es que seguimos bajo un círculo vicioso en donde pensar diferente o tener propuestas distintas a las de la 4T se convierte en algo como un insulto a la autoridad. Muchos ciudadanos lanzaron ideas sobre la reforma que no costaba nada atender. No tenían de por medio, en muchos casos, una posición partidista. Se partía de lo que pudiera ser una reforma que se reconoce importante, pero no en los términos en los que la presentaron y lo que se perfila que viene lo que llaman Plan B.

En muchas ocasiones se hizo saber que la propuesta estaba llevando a terrenos complicados y de riesgo democrático. El PT aseguró en varias ocasiones que por la forma en que se presentaba la reforma se podría instrumentar un proyecto dirigido, y que lo que podría acabar pasando es que fuéramos al régimen de partido único, lo cual sería un retroceso y un error histórico.

El tema de los plurinominales lo evidenció. Todo aquel que quedara en segundo lugar en las electorales para diputados alcanzaría el cargo como un “premio”, o algo parecido. La cuestión es que si Morena gana la elección, sus candidatos, en la mayoría de los casos, quedarán en segundo lugar por lo que serían legisladores.

Es claro que esto no se acaba hasta que se acaba, y la Presidenta lo quiere acabar. Y seguramente, como también lo quiere su antecesor.

RESQUICIOS.

Es lío grande el del transporte en el AICM. Se agudiza por la cercanía del Mundial y porque algún día tendrán que acabar las obras de “reconstrucción”. Los taxistas no quieren dialogar, a diferencia de quienes ofrecen el servicio por plataforma. No es un asunto nacional, en el mundo traemos la misma bronca; lo tienen que resolver ya.