8 de Marzo, entre la memoria y la urgencia de justicia

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Por Sandra Luz Tello Velázquez

Estamos a las puertas de otro 8 de marzo y la atmósfera se siente repleta de la reflexión que quema. En este mes es constante que las instituciones y la publicidad se apresuren a pintar imágenes de color violeta y a exponer discursos cargados de buenas intenciones. Sin embargo, la realidad que habitamos las mujeres en todo el país tiene cifras más crudas, teñidas por la violencia de género.

Este año, la cifra nos golpea el rostro antes de las marchas y las expresiones de descontento. Por mencionar un ejemplo, en lo que va del año,  la entidad poblana ya registra, en promedio, dos feminicidios al mes. De acuerdo con los datos reportados por la Fiscalía General de dicho estado hay 25 carpetas de investigación iniciadas por diversos delitos contra mujeres. No se trata de fríos números, sino de historias plagadas de miedo, de impunidad y veladas por la opacidad de un sistema que sigue llegando tarde, pues el horror no se limita a la pérdida irreparable de la vida, la violencia tiene otros mil rostros, algunos casi imperceptibles.

El  8 de marzo debe ser un recordatorio de que los derechos no se agradecen, se conquistan y se defienden, por ello, conmemoramos la valentía de quienes abrieron el camino y la determinación de quienes hoy siguen derribando muros. Miramos hacia atrás y honramos el pasado, cuestionamos el presente y transformamos el futuro.

Las mujeres y los hombres (que actúan como nuestros aliados) buscamos una equidad que no solo quede en el papel, tampoco queremos ser la cuota política que solo sirve para mejorar la imagen oficial. Exigimos una equidad real, donde el acceso a la justicia no sea un privilegio de clase o de suerte.

Nuestra lucha es por un mundo en donde ser mujer no limite las oportunidades ni la seguridad. Es agotador, pero necesario, repetir que ser mujer es una identidad que exige respeto, autonomía y libertad plena. No queremos flores ni felicitaciones por nacer mujeres, sino una verdadera conmemoración para recordar que la brecha salarial, la violencia y la desigualdad siguen presentes y como sociedad debemos generar acciones verdaderas para transformarnos.

El  cambio  real no se dará sí solo nos centramos en las marchas, estos actos solo visibilizan por horas, lo que debemos tener claro es que la meta sigue siendo la exigencia por la justicia para las víctimas de un sistema indolente. Las que hoy estamos resistiendo allanamos la tierra para las que vendrán, para que hereden un suelo más firme y desbrozado.

La equidad es un compromiso de todos los días, no el eslogan o la efeméride de marzo. En este día de reflexión, el mejor reconocimiento que la sociedad y el Estado pueden darnos es el respeto irrestricto a nuestros derechos y el apoyo genuino a mejorar nuestras condiciones de vida.