Incertidumbre
Por Javier Solórzano Zinser
No hay manera de saber cuáles serán las secuelas del abatimiento de El Mencho, en algún sentido, seguiremos en vilo.
Lo que sucedió el domingo y en menor medida ayer es parte de la reacción inmediata que pasa por la lealtad al jefe, y también por la importancia de hacer ver y valer a la organización.
Las calles, las carreteras, los comercios, el secuestro de vehículos y las redes son el centro de acción para hacerse presentes y para esparcir el miedo entre la población. Eso hicieron estos días y lo han hecho en otras ocasiones. Saben muy bien lo que esto significa entre la población lo que también es una manera de colocar a los gobiernos contra la pared.
Cuando se intentó detener a Ovidio Guzmán, en el “Culiacanazo”, se hizo algo similar. Atemorizaron a la gente, y cuando se decidió frenar la operación todo se calmó. Lo que pasó fue que en un operativo confuso y mal hecho, no se midieron las secuelas en lo inmediato, se argumentó que se frenó la detención para proteger a la población con un confuso discurso de López Obrador, que primero dijo que él no había tomado la decisión, para en un segundo momento decir que siempre sí había sido él.
Se pudo haber hecho lo mismo el domingo, pero estaba claro que el Gobierno no iba a dar un paso atrás, en lo que consideramos una de las acciones más relevantes contra el narcotráfico, por lo menos de este siglo. En el Gobierno sabían que podía haber una reacción como la que se está dando.
El hecho de que se mantuviera la estrategia hasta sus últimas consecuencias permitió la efectividad de ésta, de alguna manera se logró paliar la violencia que se presentó en buena parte del país.
El temor se vivió y sintió en muchas ciudades. A lo largo de ayer en la CDMX se vivió una parcial calma. Dio la impresión de que la gente se guardó y no hubo el clásico tránsito de automóviles, en algunas escuelas optaron por suspender labores.
Es probable que en cualquier momento pudiera de nuevo estallar la violencia como la del domingo debido a que se irán acomodando los grupos al interior del cártel, y en caso de que no haya habido un acuerdo establecido por parte de El Mencho para definir quién lo sustituyera, es previsible que se presenten hechos de violencia en la búsqueda de la hegemonía en la organización.
Cabe también un escenario como el que se presentó con el secuestro de El Mayo Zambada. Recordemos cómo las autoridades, federales y estatales, ponderaban el hecho de que durante dos o tres días las cosas estuvieran en relativa calma. La razón fue que estaban reorganizándose. Lo que vive Sinaloa desde hace año y medio muestra lo que puede presentarse al interior de los cárteles cuando se rompen los acuerdos, sin pasar por alto la complicidad de las autoridades.
El CJNG es una organización muy bien estructurada. Tiene una presencia mundial y su influencia no solamente pesa en lo local, sino también en todas las acciones que desarrolla en diferentes partes del mundo, y, por supuesto, particularmente en nuestro país.
Es una organización que para muchos jóvenes puede resultar aspiracional. Un dato alarmante es que en los últimos años cerca de 500 mil jóvenes dejaron las escuelas. Algunas hipótesis apuntan a que muchos de ellos pudieran ser parte de la delincuencia organizada. Bajo las condiciones en las que muchos de ellos viven con todos los problemas económicos y sociales, les puede resultar atractivo ingresar a la delincuencia organizada.
Lo paradójico es que sin El Mencho se pueden abrir riesgosas vertientes, porque una eventual división interna pudiera provocar más violencia.
Tenemos que ir en el día tras día, no hay manera de saber lo que viene; la incertidumbre estará entre nosotros.
RESQUICIOS.
En redes y medios internacionales aparecieron opiniones y críticos reportajes sobre la violencia en México. El centro es el Mundial. El Gobierno tiene que ir pensando cómo va a enfrentar esta coyuntura, visto desde fuera da miedo venir a México.