Por Darío Fritz
Las palabras suelen estar marcadas por la contundencia, como las células malignas avanzando sobre ganglios linfáticos. Bien puestas en su lugar, las palabras impactan. Tienen la capacidad de conmover, herir, curar o hacer arder las pasiones más desenfrenadas. Hasta en TikTok lo saben. Cada letra estampada en el atardecer de California el pasado domingo por las medidas palabras de Bad Bunny dejó la impronta del mundo latino y su idioma español que tanta política de la clase dirigente estadounidense -llámese gobernantes, políticos, empresarios multimillonarios o productores hollywoodenses-, se niega a aceptar.
Quien quiera ver un país monolingüe, monocultural y homogéneo queda descartado, fue a decirles el músico puertorriqueño. “Todos somos America”, desde la Patagonia a Canadá, enseñaba escrito en el balón de futbol americano, y enunciaba a cada uno de los países del continente, con toda la carga simbólica que conlleva. Aunque se criminalice y persiga a quienes llegan allí para hacer los trabajos duros que otros rechazan, esos trabajadores rurales, obreros de la construcción, recolectores de basura, mujeres de la limpieza o técnicos de oficina, son tan legítimos como un blanco, un asiático o un afroamericano. Que Trump y sus seguidores de MAGA intenten desvirtuarlo como espectáculo “horrible”, letras “muy perturbadoras” o bailes que no se entienden, denotan su impaciencia contra los que habitan en cada rincón del país, y la imposibilidad de quitárselos de encima. A su pesar, se estima que para 2042, los blancos ya no serán la primera mayoría. El cambio viene de la mano de hispanos, afroamericanos, asiáticos, indios americanos, hawaianos nativos y los isleños del Pacífico.
Hay que ser muy valiente, como no lo son muchos otros con tanto cartel como él, para plantarse allí y durante un cuarto de hora, con la mejor arma con que cuenta y que cualquiera entendería sin ser americano, la música, defender a partir de la palabra el idioma, sus orígenes, la comida, la vida social o la convivencia en paz, tanto de los que emigran como de los que batallan día a día por sus oportunidades.
No se puede olvidar que más allá de lo mejor que podamos dar como latinoamericanos en nuestro día a día, EU también se latinoamericaniza incluso con lo peorcito de lo que aquí padecemos a diario. Sus autoridades pueden disparar a matar a quienes protestan o detienen sin órdenes judiciales y luego se defienden con mentiras. Tan normal como policías o militares en México y cualquier otra parte del continente hispanohablante inventan causas para justificar crímenes o llevarse detenidos sin justificación. Las violaciones a derechos humanos tan comunes por aquí, allí ya se repiten. No solo por criminalizar la protesta o acusar de supuesta criminalidad al migrante, sino también por el maltrato a detenidos en verdaderos campos de concentración en Texas y Florida, o el trato violatorio de derechos humanos en las cárceles (un buen ejemplo, el documental “Alabama: presos del sistema”, de HBO). La pobreza le va a la zaga, pero allí está como mudo muestreo entre afrodescendientes y latinos: 11.1% de la población en 2023, 36.8 millones de personas bajo la línea de pobreza.
Pero si bien el mensaje de Bad Bunny en el Super Bowl impacta y deja la marca de un mundo hispanohablante que no es decorativo ni insignificante, pasado los siguientes estertores de felicidad por dar en el blanco al racismo, la discriminación y la violencia contra las minorías, el día a día permanecerá sin alteraciones. La seguidilla de persecución sobre los más débiles, no solo minorías étnicas, continuará allí y en el extranjero cuando se trate de pisotear lo que no les conviene; dígase detenciones irracionales, ahogamiento económico, bombardeos militares, acorralamiento verbal, amenaza de invasiones, negocios para un capitalismo de rapiña.
Hay una dulce victoria en el show de Benito Antonio Martínez Ocasio. Y que sobrepasa los conflictos domésticos del mundo estadounidense. Una resistencia y una insurrección contra el poder de los poderosos -no solo Trump-, la demostración de que las batallas, en este caso culturales, se pueden librar y ganar, bajo la insignia de creer en uno mismo, como lo dijo el domingo. Ante el odio, amor, propuso. Aquí estamos, advirtió. Y es cierto. Para ilusionarnos.