Quebradero

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En el día tras día

Por Javier Solórzano Zinser

Va quedando claro que la Presidenta gobierna casi en el día tras día. Le resulta difícil pensar en el mediano y largo plazo, todo es profundamente impredecible. Lo único definido en el tiempo es la revisión del T-MEC; la aprobación de la reforma electoral; las elecciones del 2027 y la muy problemática e impredecible relación con Donald Trump, la cual tiende a definirse también en el día tras día.

Una de las razones está en que tiene que enfrentar cotidianamente la violencia que brinca por muchos lados en todo el país, y también tratar de conciliar a las tribus de Morena y a sus singulares aliados, lo cual no está siendo nada sencillo, muchos de estos asuntos pasan por los duros o puros y por su antecesor.

Es claro que la Presidenta no tiene como problema de focos rojos a la oposición, por más que hagan alharacas o cosas parecidas. La clave está en cómo poder conciliar intereses que a menudo están abiertamente encontrados al interior de su partido.

Las cosas no pasan por rompimiento alguno con López Obrador. De nuevo, insistimos, que esto no va a pasar porque no sólo son del mismo partido, sino que los une la construcción de un movimiento político y en esto la lealtad de la Presidenta no está para ser cuestionada, el tema no está en la mesa.

Claudia Sheinbaum está tan clara en ello que cada vez que puede recuerda al tabasqueño al que no casualmente le dice presidente.

Lo que es definitivo, es que cada vez aparecen más elementos que dejan en claro que la Presidenta no puede gobernar siendo una copia del pasado inmediato. Muchas cosas que ha hecho son totalmente distintas a lo que hacía López Obrador. Sin embargo, por obvias razones no se ponderan y menos aún se confrontan con el pasado.

Muchos asuntos, o problemas según se quiera ver, heredados han llevado a buscar nuevas estrategias que en la práctica han sido contrarias a lo que predicaba e imponía el inquilino de Palenque.

En los asuntos de seguridad ha habido un giro importante que se refleja en una narrativa en que, entre otras cosas, no se hace referencia a que los narcotraficantes deben ser considerados de otra manera. Es claro que ni por asomo está entre nosotros abrazos, no balazos.

La Presidenta enfrenta una disyuntiva en la gobernabilidad. Por un lado, tiene enfrente una violencia desatada que tiene nexos con la clase política gobernante ante lo que ha sido entre prudente y distante.

El caso del presidente municipal de Tequila no representa necesariamente una estrategia en que se enfrente a la corrupción y la violencia que tiene que ver con personajes ligados directamente a su partido; la detención no significa que no haya impunidad.

El caso del alcalde morenista Diego Rivera ya era de suyo intolerable. No había manera de no atacar el problema en un municipio de primera importancia, en función de la producción de tequila y lo que significa para México ante el mundo.

Por el otro lado, tiene una tormentosa relación con Trump, quien sistemáticamente presiona. El mandatario cuenta maravillas de la Presidenta, pero no deja de ser crítico de lo que pasa en el país; se sabe que Trump primero soba y luego golpea.

Claudia Sheinbaum va a lidiar tres años más con un presidente que no va a cambiar su estrategia. Se pondera la forma en que ha llevado la relación con Trump, a lo que se suma el gran problema que tiene con los presuntos nexos de personajes del oficialismo con la delincuencia organizada.

El mensaje de ayer fue claro hacia el exterior. Sin embargo, al interior seguimos viendo como en algunos estados los gobernantes viven bajo la impunidad como forma de vida; el gobierno sigue sin tocar a sus cercanos, el de Tequila no es de los suyos.

RESQUICIOS.

El 23 de enero fueron secuestrados 10 ingenieros en La Concordia, Sinaloa. Trabajaban para una minera canadiense; no se sabe absolutamente nada sobre su paradero. De nuevo Sinaloa, y de nuevo nos acordamos de aquello de que no hay intocables y el caiga quien caiga.