Por José Manuel de Alba de Alba
La reciente integración de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación ha generado un gran debate en el país. La narrativa construida por el gobierno de Morena, que buscaba “democratizar” el poder judicial, ha comenzado a desmoronarse, la falta de legitimidad jurídica de los nuevos ministros, sumada a su cuestionable capacidad jurídica y argumentativa así como su conducta, ha puesto en duda la credibilidad de la institución.
La nueva corte se presentó como una alternativa a la presunta corrupción y la opulencia de sus predecesores; sin embargo, su discurso de austeridad se ha visto empañado por una serie de escándalos, empezando con la compra de nueve camionetas Cherokee blindadas, sin licitación, a una distribuidora vinculada al gobierno, lo que ha generado indignación; La justificación de que se trata de un “gasto de seguridad” no ha convencido a nadie.
Los lujos que antes criticaban ahora son los que están disfrutando, ahí tenemos a la autodenominada ministra del pueblo, Lenia Batres, que, entre paréntesis, se le conoce de otra forma, que se mandó a hacer un cuadro al óleo de 40,000 pesos, mientras que la ministra Loretta Ortiz viaja en primera clase a Costa Rica, agregando además la ceremonia de inauguración, que incluyó chamanes, copal y bastones de mando, que costó un millón doscientos mil pesos.
Todos estos gastos han generado una ola de críticas y han puesto en duda la sinceridad y legitimidad de la nueva corte.
En efecto, la nueva corte no se legitimó en función de su capacidad jurídica, sino por su discurso de austeridad y cambio. Sin embargo, su falta de experiencia y pericia jurídica se ha hecho evidente en las sesiones del pleno. La falta de debate y la sumisión a la voluntad del ejecutivo han generado preocupación entre los expertos.
Todo lo anterior nos hace ver que la nueva Suprema Corte de la austeridad y bienestar de México se encuentra en una situación crítica, ya que la falta de legitimidad jurídica, sumada a su cuestionable conducta, ha puesto en duda la credibilidad de la institución.
El pueblo mexicano merece una justicia independiente y transparente, que no se justifique en el discurso de austeridad, sino en sus sentencias, que sus sesiones del pleno dejen de ser motivo de escarnio en las redes sociales y no una corte que se presente como “más de lo mismo”, pero corregido y aumentado.
La nueva corte debe rendir cuentas y demostrar que su objetivo es servir al pueblo, no a sus propios intereses.
*Magistrado en retiro forzado