Por Ruby Soriano
Los hechos acontecidos este fin de semana, donde un presunto indigente incendió la puerta de la Catedral de Puebla expuso de manera pública la realidad que hoy se vive en una de las ciudades que hasta hace menos de 15 años, estaba considerada como uno de los lugares más tranquilos y con una imponente belleza colonial.
Los días actuales para la Angelópolis reflejan los peores tiempos que no iniciaron con la administración morenista, no.
La debacle de la seguridad en Puebla creció y floreció durante la administración del panista Eduardo Rivera y sus 40 ladronzuelos que se dieron a la tarea de llenarse los bolsillos con burdeles y prostíbulos, dejando pasar todo lo que representara billete, biyuyo, ganancias.
Con la llegada del edil morenista, José Chedraui, la inseguridad no sólo siguió floreciendo, sino que se embruteció, dejándonos ver cómo el actual ayuntamiento de Puebla es un simple mercader que llegó para hacer negocios, muchos negocios donde los ciudadanos nada tienen que ver.
Hoy los primeros cuadros de la capital poblana, esos donde se ubican hermosas casonas, iglesias, arquitectura valiosísima, son testigos silenciosos de una zona de tolerancia donde la delincuencia tomó el mando y el edil poblano sacó las manos.
Hace días, un buen amigo me narró las estampas reales que se ven a todas horas del día en las céntricas calles poblanas.
Prostitución sin restricciones, robos a transeúntes, asaltos a comercios y el famoso cobro de piso.
Pero ya entrada la madrugada se abren los zaguanes de viejísimas casonas donde sus cocinas tienen mucha actividad, quizá como laboratorios clandestinos.
Y si se quiere dar un recorrido a pie por las calles aledañas al zócalo, ahí a unos centímetros del Palacio Municipal aparecen jóvenes con apariencia de indigentes llevando en sus manos cajitas que contienen “lunetas” –dicen ellos-.
Pastillas de todos colores y sabores para la clientela que a esa hora de la madrugada decida surtirse de los productos “sintéticos”.
Esto es Puebla Capital, la de Morena, la de Chedraui, la de los asaltos, la del control delictivo.
Ahora que el Arzobispo Víctor Sánchez Espinosa hizo un “acto de desagravio” para la Catedral y su puerta incendiada, debería considerar hacer otro, pero masivo para todos los poblanos que seguimos lamentando ver a Puebla hundida en la delincuencia y los agravios de tanto gobernante incompetente.
@rubysoriano @alquimiapoder