¡Ay, mi Cuba!

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Por Fernando Vázquez Rigada

La dictadura cubana está por desmoronarse. La utopía se evaporó. El hombre nuevo envejeció y está hambriento, enfermo terminal.

La situación actual del país tiene una palabra para definirla: caos.

El país no tiene economía. No hay sectores productivos. Estado de derecho. Libertad. Hay un aplastante control social que cada vez sirve para menos.

La población vive en miseria. Con una incapacidad de producir nada, entre otras cosas energía, los apagones en la capital se prolongan 18, 20 horas al día. En zonas alejadas, semanas. Sin electricidad ni combustible, el país está en ruinas.

Los apagones hacen que la escasa comida se descomponga. El turismo no puede vivir sin luz, por lo que el sector, de la pandemia a la fecha, se ha comprimido a la mitad.

Para cargar un tanque de gasolina se debe sacar una cita que dilata por 5 semanas. Sin gasolina ni luz, los servicios públicos colapsaron. La basura inunda las calles. Las infecciones crecen. Los hospitales son inmuebles inútiles: sin energía ni medicinas. El quiebre de la producción agrícola ha hecho que las cartillas de racionamiento sean un mero papel. No hay comida ni para cumplir con el racionamiento.

El desplome de Venezuela no hizo sino precipitar una tragedia que venía de mucho antes.

La inflación acumulada del 2021 al año pasado asciende a 195%. El PIB se ha contraído, en el mismo periodo, 17%. El déficit fiscal es de 13%.

La pobreza extrema, en el periodo, creció 13% y se estima en 88%. Eso ha hecho que un cuarto de la población haya emigrado en un lustro. El salario, como todo controlado por el Estado, es en promedio de unos 15 dólares al mes: 270 pesos.

La revolución degeneró en dictadura hace mucho, y su sesgo autoritario, represivo, megalómano y ocurrente hizo que las grandes ilusiones que generó en una generación se disolvieran.

Fidel Castro se deshizo pronto de los liderazgos revolucionarios que le hicieran sombra. Camilo Cienfuegos murió en un avionazo. El Che fue enviado a hacer la revolución mundial que era, en realidad, su muerte. Encarceló a Matos. Luego vinieron las purgas en el sector cultural. Al final de los ochentas hizo fusilar a su general más prestigiado: Arnaldo Ochoa y a un grupo de agentes de élite del Ministerio del Interior bajo los cargos de traficar droga en contubernio con Pablo Escobar. Luego encarceló al ministro de esa responsabilidad, José Abrantes, por negligencia. Abrantes había sido el Jefe de Ayudantes de Fidel, hombre de toda su confianza. Murió de un infarto en la cárcel poco después.

Los Castro purgaron a todos los jóvenes que pudieron haber conducido reformas dentro de la isla, pero eso es impensable en Cuba. La lista es interminable. Lage, Robaina, Aldana, Pérez Roque, Valenciaga.

Hoy, el gobierno es una gerontocracia. Díaz Canel tiene 65 años, pero Raúl tiene 95 y Ramiro Valdés, 93.

El modelo económico y las ocurrencias quebraron al país.

El modelo: se emprendió una reforma agraria sin planificación. Se nacionalizó todo y se desbieló el aparato productivo.  Nombró a Guevara —médico— ministro de Industria y presidente del Banco Central. Ocurrencias: Castro convocó a una zafra de 10 millones de toneladas de azúcar que fracasó. Quiso criar una raza de vacas tipo Holstein. Ideó la creación de pastos gigantes o pretendió alimentar al ganado con bagazo, generando una muerte masiva. A fines de los 70´s emprendió la tarea de rodear a La Habana con un cordón de cítricos, frutas y hortalizas que fracasó por el suelo inadecuado. Intentó construir un tren bala y una central nuclear, ambos inconclusos.

Y además, financiaba revoluciones y “misiones internacionalistas” donde tropas cubanas combatían.

La revolución se convirtió en una pordiosera: vivió a expensas de la URSS décadas. En el 2000 le llegó un salvavidas: Hugo Chávez. Venezuela llegó a mandar 90 mil barriles de petróleo al día a cambio de médicos y oficiales de inteligencia que replicaron el modelo de control social. Ahora buscan otro limosnero: México.

Pero la dictadura está podrida. La corrupción es ofensiva. Su icono más cínico es el nieto de Fidel Castro, Sandro, influencer que se exhibe en autos Mercedes Benz y lujos imposibles para una población empobrecida y hambrienta.

Estados Unidos no tiene que invadir la isla.

Tiene que esperar a que el virus de la autocracia devore al régimen.

Que un alto mando traicione.

O que el pueblo estalle.

 

@fvazquezrig