Quebradero

Share

Cuba. Otro camino sin regreso

 

Por Javier Solórzano Zinser

Durante mucho tiempo Cuba padeció un brutal embargo de EU. Se logró paliar con el apoyo de lo que en aquel tiempo era la URSS. La influencia soviética permeó de manera significativa en Cuba por décadas. Para el régimen castrista era el único medio para solventar el problema económico.

El problema no se resolvió, pero por lo menos se solventó la vida cotidiana en medio del gran orgullo del pueblo cubano que defendía la revolución como parte de su forma de vida.

Ciertamente el papel de México fue importante. Sin embargo, no lo fue en términos económicos, sino más bien en la geopolítica, lo cual sirvió para también lograr tener una distancia con EU. En lo que fue importante nuestro país fue en atemperar en muchas ocasiones los ánimos estadounidenses de atacar a la isla.

Desde la histórica votación de la OEA en que se expulsó a Cuba, en lo cual México y otros países se opusieron, se abrió una cercanía política que se mantuvo a lo largo de décadas y que hoy está fortalecida por la singular afinidad política entre el Gobierno cubano y la llamada 4T.

Las cosas han cambiado desde hace tiempo en Cuba. El embargo se ha convertido en algo relativo. Cada vez Cuba va logrando tener mayor comercio internacional, el gran problema está en el régimen mismo. La isla no ha dejado de estar siendo acechada desde EU por los vaivenes políticos del país, hasta por la cada vez más creciente influyente población cubana en la Unión Americana, la cual pesa y, ahora en personajes estratégicos como Marco Rubio, exige.

Las cosas también han cambiado en la geopolítica. Desde hace tiempo no existía un presidente en EU que tuviera en su radar tan marcadamente a Cuba. Lo tiene en la mira y va a ser muy difícil que con lo que ha emprendido pueda tener un camino de regreso. En la nueva geopolítica de la cual nos daremos cuenta, quizás cuando nos haya pasado por encima, Cuba está en ella.

Es cuestión de tiempo para que EU lleve a cabo acciones contra la isla. Han sido muchos años en que al interior del país se han violado los derechos humanos, al tiempo que se agudizan los problemas económicos ante los cuales el gobierno ha mantenido una política cerrada, y en muchos casos privilegiando sólo a los gobernantes haciendo a un lado la muy difícil situación de millones de cubanos.

La izquierda en el mundo se ha dedicado a defender a Cuba más por lo que fue que por lo que es. En México ha sido una constante. Se victimiza a la isla y difícilmente se hace una crítica de lo que pasa internamente. Si se hiciera se podrían abrir canales importantes al interior de Cuba. Se le defiende más por un asunto ideológico pasando por alto la terca realidad bajo la cual viven los cubanos.

La política pasiva de México cerró las puertas a la apertura de la crítica cubana. Éste es uno de los riesgos que estamos corriendo en el país. Sin la autocrítica se van cerrando los caminos y se van enquistando los problemas, y, sobre todo, se va cerrando la democracia, la cual se utiliza para seguir gobernando más que para definir al país.

López Obrador pudo haber tenido una actitud activa con Venezuela, particularmente cuando se abrió un espacio al diálogo durante las elecciones venezolanas en el cual participaron Colombia, Brasil y México. Cuando se llegó el momento de las definiciones y de proponer una revisión del proceso electoral, López Obrador se hizo a un lado y no volvió a hablar con los mandatarios sudamericanos; no se sabe qué pudo haber pasado, si se hubiera actuado con Petro y Lula.

Trump va tras de Cuba. No se sabe cómo lo hará, pero lo hará. Como desde hace un año con Venezuela, con Cuba ya no hay camino de regreso.

RESQUICIOS.

Ayer se cumplieron siete años de la brutal tragedia de Tlahuelilpan en Hidalgo. Durante varios días nos la pasamos entre la dolorosa muerte y las promesas de un presidente que venía llegando. Nos aseguraron que se iba a terminar con el huachicol y que todo iba a ser diferente… eso nos dijeron.