Quebradero

Share

El desdén a las universidades

 

Por Javier Solórzano Zinser

El desdén con que el gobierno trata a las universidades públicas va a traer serias secuelas en el mediano plazo, las cuales van a alcanzar al desarrollo del país.

Las universidades de los estados padecen de manera notoria la forma en que los gobiernos locales las tratan. No solamente es una cuestión de presupuesto, tiene que ver también en cómo las conciben, en cómo las quieren hacer ver como extensión de la actual gobernabilidad, lo que está llevando a que a menudo se quieran meter al interior de ellas sin importarles la autonomía.

Lo que pasó estos días en la Universidad Autónoma de Campeche habla de los intentos por tratar de meterse en la dinámica universitaria y cuando las autoridades no están de acuerdo se les viene una avalancha de acusaciones sin fundamento que los lleva, como en este caso, a la cárcel. Se echan a andar las maquinarias para crear una narrativa en la cual a las universidades públicas se les inventa cualquier pretexto todo por su negativa, a que diferentes actores políticos se quieran meter en ellas.

López Obrador arremetió contra la UNAM hace pocos años en un tono en que quedó claro que lo que quería era que la institución se desarrollara a imagen y semejanza de la 4T. El pasado universitario de la Presidenta obligaba a escuchar sus opiniones, pero en el caso del expresidente provocó muchas dudas, porque muy probablemente no tiene la más remota idea de lo que pasaba al interior de la máxima casa de estudios. Todo ello no significa que la Universidad no esté obligada, como principio, a llevar a efecto procesos regulares de autocrítica como forma de vida.

Va quedando claro que no pareciera que las universidades de los estados sean un tema de primera importancia para el gobierno, la SEP y el Congreso. Conversando con el secretario general ejecutivo de la ANUIES, Luis Armando González Plascencia, nos presentó números claros sobre cómo el presupuesto de las universidades ha disminuido de manera notoria sin que medie explicación alguna sobre ello.

El deterioro se alcanza a apreciar cada vez más. Va desde la imposibilidad que tienen las instituciones para renovarse, empezando por el tema académico, hasta los muchos problemas que tienen en su infraestructura. En algunas universidades las aulas están bajo condiciones de deterioro que son una afrenta para el magisterio y los estudiantes. Los padres y madres de familia tienen que poner de sus bolsillos, porque, a pesar de la presunta gratuidad, tienen que darles dinero a sus hijos para el material de trabajo universitario, el cual debiera ser proporcionado por las instituciones. El problema pasa hasta por los baños, porque no tienen un servicio mínimo de limpieza.

El gobierno tiene que preguntarse qué quiere de las universidades sin perder del radar la estratégica función que cumplen en las sociedades. No las puede dejar al garete, porque son el punto de partida de la transformación de la sociedad. Si algo necesitamos es un proceso de formación integral que les permita a los estudiantes en su estancia universitaria aprender a pensar, adquirir conocimientos, entender la vida en sociedad, compartir el aula con compañeros y maestros y, por sobre todo, empezar a vislumbrar cómo será el mercado de trabajo al cual se van a enfrentar.

Instituciones como la UNAM, el IPN, la UAM, UdeG, la UANL y algunas otras se mueven bajo otros parámetros, pero también le sufren. La gran mayoría está pasando por una crisis, sin que el gobierno sea sensible y, sobre todo, solidario con quienes forman el futuro, en todos los sentidos, del país.

Quizá lo que no les gusta es que ejerzan la crítica como esencia de sus principios y razón de ser.

RESQUICIOS.

Todo indica que Trump empieza a tener en un puño a Venezuela. La presidenta encargada informó que el país se va a abrir a la inversión extranjera en materia petrolera, en tanto que María Corina Machado le entregó su medalla del Nobel de la Paz.