Nuevo periodo. Más de lo mismo
Por Javier Solórzano Zinser
No van a cambiar las cosas en el nuevo periodo de sesiones del Congreso. Seguiremos con rebatingas y al final será el oficialismo quien determine el rumbo.
La oposición estará en el limbo sin una participación que permita influir. Es considerada más para justificar la aprobación de leyes que para escuchar su opinión. El oficialismo tiene claro lo que quiere y cómo lo quiere y puede hacerlo. Así lo ha venido haciendo desde la segunda parte de la administración de López Obrador y con toda claridad en el presente sexenio.
La oposición sigue bajo el tsunami que desde el 2018 se le vino encima. Lo delicado es que lo sucedido electoralmente ha repercutido de manera delicada en la forma en que se mueve el Congreso y en cómo se toman las decisiones.
No va a haber cambio alguno en la forma en que se hacen las cosas en el nuevo periodo de sesiones que inicia en febrero. El oficialismo no tiene el más mínimo interés en hacerlo y la oposición no tiene manera alguna de lograrlo, a pesar de todos los escándalos que se puedan presentar en el pleno.
El periodo va a enfrentar un escenario que va a reorganizar al oficialismo y a la oposición. Quienes quieran participar en las elecciones del año que entra tendrán que ir pensando en dejar su cargo, no sin antes buscar la manera de que tengan el visto bueno en sus partidos.
Esta situación puede llevar a un buen número de reacomodos. Las luchas intestinas estarán a la orden del día, particularmente en el oficialismo ya se empiezan a dar movimientos que muestran que las designaciones serán un asunto complicado internamente.
Es evidente que todavía seguimos bajo la marca Morena como elemento determinante en algunas zonas del país como sinónimo de triunfo. Muchas y muchos en el oficialismo siguen bajo la idea de que con sólo ser del movimiento pueden alcanzar el triunfo.
No queda claro por ahora si todavía el tsunami de las pasadas elecciones sigue vigente. La Presidenta mantiene un alto nivel de popularidad, las encuestas de estos días la ubican entre 67 y 70; sin embargo, esto no quiere decir, por ningún motivo, que se extienda la popularidad hacia los candidatos del oficialismo.
En algunos estados los gobernantes de Morena están con bajos niveles de aceptación. No queda claro qué pueda pasar, porque de seguro el oficialismo se va a encargar de echar toda la maquinaria por delante, irán de la mano el partido y el Gobierno.
Les queda claro lo que significa perder gubernaturas, y más preocupante resultaría que no pudieran refrendar la mayoría que tienen en el Congreso. Quizá por ello andan inquietos. Muchos asuntos legislativos se van a apurar, porque si pierden la mayoría calificada se les acabará la imposición y la capacidad de maniobra. Fue cuestionable cómo para alcanzar una mayoría y la mayoría calificada, se hicieron de personajes menores que tenían cola que les pisen y los evidenciaron.
Quizá la oposición crezca más que por sus virtudes por el desgaste del oficialismo. Habrá que ver si los ciudadanos le cobran a Morena y aliados su gobernabilidad en varios estados. En algunas entidades es un enigma lo que pueda suceder en las elecciones para gobernador y en los congresos locales.
Morena y sus aliados van a echar toda la maquinaria por delante, porque desde ahora ya saben que el proceso electoral entrante tiene dosis de enigma. No somos de la idea de que vaya a perder Morena, pero sí pudiera pasar que la mayoría que hoy tiene no la repita en las próximas elecciones.
El periodo por iniciar será una demostración más de cómo quieren apurar reformas y leyes para buscar la manera de enquistarse en el poder.
RESQUICIOS.
Con Trump se aplica aquello de que cuando salimos de una entramos en otra.
Siendo como es, no queda de otra que cuestionar aquello de que no habría acción militar contra México, la Presidenta dijo que esto no pasaría; sin embargo, no había terminado de declarar cuando su homólogo dijo que el T-MEC es “irrelevante” para su país.