Venezuela
Por Javier Solórzano Zinser
A partir de que Donald Trump atacó embarcaciones, presumiblemente procedentes de Venezuela con droga, quedó claro que no había camino de regreso.
Fue el aviso de lo que vendría por más que existiera la idea de que no se daría un siguiente paso. El sábado con el secuestro de Nicolás Maduro, nos dimos cuenta de que, ciertamente, no había camino de regreso.
El depuesto presidente se movió en los últimos meses bajo la provocación en su narrativa hacia Donald Trump. Se podrá especular, pero queda la impresión de que lo hizo porque ya sabía cuál era su destino.
La operación “Resolución Absoluta”, todo indica, fue impecable en términos militares. Sin embargo, por la forma en que se llevó a cabo, han surgido una buena cantidad de cuestionamientos. Uno de ellos tiene que ver con la gran cantidad de helicópteros que volaron Caracas previo al ataque a Miraflores.
Por lo que se ha visto en fotografías y testimonios, fueron 11; la operación, se asegura, se llevó a cabo en menos de un minuto. La resistencia se presentó al momento de la defensa de las fuerzas leales a Maduro. Todas las versiones coinciden en que murieron 40 personas, entre soldados y civiles, en medio del ataque brutal desde los helicópteros. El resto, presumimos, fue detener al presidente depuesto subirlo a un helicóptero y meterlo a un barco de guerra.
Desde hace tiempo, insistimos, no había camino de regreso, por más que se dijera que Trump no sería capaz de llevarse a Maduro. La acción no se puede remitir sólo a Venezuela. Es un mensaje para América Latina en tiempos en que EU está desarrollando una estrategia de política exterior de control pleno bajo la máxima de la Doctrina Monroe “América para los americanos”.
Resulta paradójico, pero lo más difícil viene ahora. Sin soslayar el repudio en contra de la decisión de Trump, no se ve claro qué pueda pasar en Venezuela, porque quienes ahora están en el poder responden a un guion definido para ganar tiempo, pero es obvio que saben cuál es su destino. EU ha dejado en claro que es el Gobierno de su país, el verdadero poder hoy en Venezuela.
Delcy Rodríguez, presidenta encargada durante 90 días, es un personaje de paso que podría también estar en la mira de las violentas acciones estadounidenses, ayer Trump mandó el primer aviso y con base en lo que se ha visto más vale considerarlo.
No se aprecia que la acción de la comunidad internacional pudiera cambiar lo que está pasando. La ONU de nuevo jugará el papel de una narrativa crítica sin que pueda trascender. Lo sabe la Presidenta mexicana, pero toma como recurso una instancia externa para evitarse la confrontación directa, la cual pudiera darse a pesar del cuidado que ha tenido en su relación con Trump. Estamos ante un asunto que pasa por la obligada defensa de la autodeterminación, pero también tiene que ver con la defensa que ha hecho Claudia Sheinbaum de Venezuela, no sólo de la soberanía, sino también por una identidad ideológica.
Lo que puede resultar políticamente incorrecto para algunos es la necesaria revisión de la situación interna de Venezuela. Es cierto que Maduro conserva un poder real, pero también es claro el crecimiento cada vez mayor de la oposición, a la cual se le terminó reprimiendo y robando las elecciones. Esto no justifica la acción, pero sí muestra el desgaste de un gobierno que se enquistó, el cual se fue deteriorando.
No van a cambiar mucho las cosas con lo que pasó el sábado. Los militares no dejarán de ser una pieza clave en el futuro inmediato del país.
El tiempo será clave. Debe venir el ensanchamiento de las libertades y liberación de presos políticos, y en una de ésas a ver si alguien nos dice si detrás de todo esto hubo un pacto.
RESQUICIOS.
En donde podría abrirse la puerta a la crítica y quizá ponerle un freno a Donald Trump, podría ser en el Congreso de EU. La encuesta de CNN sobre la acción militar muestra una división entre los republicanos, y una clara oposición entre independientes y demócratas.