El poder y sus estragos

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Por Uriel Flores Aguayo

El poder es una relación entre personas, es imperio de ley, dominio y sistema de gobierno y organización social. Donde hay poder existen tentaciones de todo tipo, es una condición estructural. La tendencia natural va hacia cierto tipo de poderes con acento de manipulación y lo fascinante que es perpetuarse en ellos.

El poder normalmente rehúye a la democracia, no rinde cuentas y tampoco se asume como transitorio. Puede ser poder político, el más fuerte e influyente en la vida de la sociedad, poder económico, poder religioso, poder familiar, poder sindical, poder mediático, poder escolar, poder deportivo, poder laboral, poder partidista, poder mafioso, poder de influencers, etc. Hay muchos otros poderes, pero en las líneas anteriores se engloban los principales.

Los detentadores del poder ocupan un espacio privilegiado desde el que establecen relaciones de dominación. El ejercicio del poder suele tener grados de trato: desde lo suave a lo duro. Algo tiene que ver con la cultura. El poderoso dispone de los recursos de todos como propios, cultiva su imagen para seguir en su puesto en el caso de los espacios políticos y organizativos, transmite o impone sus ideas, si es depredador abusa de las mujeres y levita.

Dado que el poder está depositado en personas, tal vez las más hábiles o heredadas, seres humanos como todos, imperfectos y regulados por la condición humana, lo más sano es que haya contrapesos sociales e institucionales. Dejar sin controles al poderoso es una ingenua invitación a que cometa excesos. Obsérvenlos: cómo hablan, cómo caminan y cómo se comportan en privado. El día que los graban y exhiben aparecen en su dimensión real.

Es brutalmente peligroso dejar nuestro destino y a la gente concreta e individual en manos de individuos con el poder de dictarnos reglas, adoctrinar o condicionar económicamente. Las represiones a nuestras libertades, la violencia intrafamiliar, las atrocidades de individuos, de religiones, los horrores del narco y tantos casos en que el poder nos lastima indican que nuestra lucha es por democratizar o controlar al poder. Antes de que nos acabe.

El poder es el sistema, pero tiene rostro, son personas, por tanto deben ser sujetos de observación, crítica y exigencias. No debemos dejar pasar abusos ni permitir impunidad. El poder se excede cuando los ciudadanos somos sumisos.

Recadito: hay que trabajar para que Xalapa sea conocida a nivel nacional como la ciudad del café.