Marzo. Fue otro mes de cuatro años
Por Javier Solórzano Zinser
México y EU tienen una integración real. En la vida cotidiana los dos países han ido construyendo una cercanía, independientemente de sus orígenes marcadamente diferentes.
Trump lo sabe, pero lo que se debe considerar es que está tratando de imponer una relación diferente. Sabe que no se pueden perder rasgos de la integración, pero quiere cambiar las reglas y quizá para él estamos terminando por ser una especie de mal necesario.
El mundo está resintiendo las políticas proteccionistas de Trump. El singular acuerdo entre China-Japón-Corea del Sur ha resultado inesperado, pero también hay que verlo como un mecanismo de defensa de estas naciones ante la cerrazón de Trump y ante la imposición de aranceles bajo cualquier pretexto y ocurrencia.
Europa está intentando hacer lo propio. Si bien tiene una dependencia histórica con EU, también es cierto que en muchos aspectos se ha quedado rezagada. Hoy le urge una nueva cohesión y un giro a los elementos centrales de su economía. Están en camino una buena cantidad de acuerdos entre las naciones de la Unión Europea; sin embargo, por ahora no se alcanza a vislumbrar lo que viene.
Nuestra economía está pasando por un proceso de enorme complejidad. Los pronósticos de crecimiento para este año difícilmente alcanzarán el 1%, algunos de ellos nos colocan sobre la base de crecimiento cero e incluso con la posibilidad de un decrecimiento. EU lo sabe y utiliza esta variable para presionar aún más a nuestro país; no hay que perder de vista la abierta dependencia mexicana por más evidente que sea.
Trump quiere cambiar la relación. Para nosotros el asunto es clave, sobre todo partiendo de que exportamos a EU 485 mil millones de dólares. El consumidor estadounidense tiene a la vista en su cotidianidad, en los centros comerciales de todo tipo, productos creados en nuestro país.
Pero, así como exportamos, también importamos una gran cantidad de bienes que nos colocan bajo una abierta dependencia, pero que se presume todo se desarrolla bajo un proceso económico de una integración bilateral. Como sea, recordemos que exportamos cerca del 70% de las gasolinas para consumo interno, lo cual nos coloca bajo el riesgo de cualquier imponderable o de cualquier presión de índole político, más en estos tiempos.
Este día se anunciarán la aplicación de nuevos aranceles para muchos países que comercian con EU, pero particularmente para los que tienen que ver con México y Canadá. No queda claro qué se puede venir en un paquete general, pero ya hay avances de que la industria automotriz se verá severamente afectada.
Bajo estos escenarios estamos entrando en el terreno obligado de la revisión del T-MEC antes de lo programado en 2026. Tenemos que hacerlo, porque en el camino Trump está imponiendo aranceles, los cuales, en muchos casos, rompen con las reglas básicas del T-MEC.
Estamos en medio de escenarios inéditos en los que no hay manera de pronosticar o de prever lo que se viene. La estrategia mexicana ha sido la de optar por la prudencia, pero al final, con prudencia o sin ella, nos hemos colocado bajo la misma situación en que está Canadá.
Ayer la Presidenta sostuvo una conversación con el nuevo primer ministro canadiense, Mark Carney. Tardaron en sostener este diálogo viendo y padeciendo lo que está pasando. Lo bueno fue que reconocieron la importancia del comercio bilateral, esto es una de las salidas ante la andanada de aranceles.
Una de las cuestiones que tendrá que atender la Presidenta este día es si se sigue con la misma política, o entramos en los terrenos de arancel por arancel, en medio de la urgencia de revisar el T-MEC antes de que se convierta en un tratado bilateral más que trilateral.
RESQUICIOS.
El fin de semana se decomisaron 10 millones de litros de diésel en Altamira, Tamaulipas, el huachicol en una de sus mejores manifestaciones. Hace pocos años, el expresidente dijo que el huachicol había desaparecido, pues parece que no.